domingo, 14 de diciembre de 2008

VIAJE HISTÓRICO A NUMANCIA ( SORIA)

Muy cerca de Soria se encuentra la famosa ciudad de Numancia, histórico ejemplo de heroísmo de un pueblo prerromano, que para defender su independencia ante Roma, va ha elegir la muerte antes de rendirse. Para conocer la verdadera historia numantina se han de conjugar los datos que han aportado las diferentes excavaciones arqueológicas efectuadas en el yacimiento con los diversos textos clásicos que han llegado hasta nosotros.
Aproximadamente Numancia posee una extensión de unas 22 hectáreas, midiendo sus ejes principales 720y 3l0 metros, respectivamente. Se calcula que pudo alcanzar la cifra de unos 2.000 habitantes, aunque en época de guerra contando con los habitantes de otros pueblos vecinos que se irían a refugiar allí, pudo encerrar dentro de sus murallas hasta 10.000 personas, según han calculado diversos autores.
En la actualidad pueden verse viviendas celtibéricas de planta rectangular y calles con aceras también de dicha época. La casa arévaca poseía varias dependencias o estancias (cocina, bodega....) y su lecho era de materiales vegetales. Sus medidas más usuales eran de unos 12 metros de largo por unos 3 o 4 de ancho.
Fueron muy numerosos los hallazgos arqueológicos que nos revelan diferentes aspectos de este pueblo. Así al lado de diversos tipos de armas (espadas, puñales, puntas de flecha....) se encontraron diferentes utensilios de trabajo agrícola (azadas, hoces,...) En el maravilloso muestrario de cerámica pintada celtibérica encontrado en las excavaciones arqueológicas se pueden documentar aspectos diversos de la vida cotidiana, escenas rituales, etc.
EL FIN DE NUMANCIA
Durante unos veinte arios esta ciudad desafío a Roma, hasta que al final, hacia el año 133 antes de Jesucristo, fue conquistada por Scipio (el mismo que había conquistado y destruido Cartago). Numancia sitiada no fue tomada por las armas romanas sino por el hambre y la peste. Por su gran valor documental, a continuación relatamos el fin de Numancia tal como nos lo cuenta Appianos (la traducción del texto griego se debe a Antonio García y Bellido, en su obra "Veinticinco estampas de la España Antigua" Madrid, 1981).
"Los numantinos, vencidos por el hambre, enviaron cinco mensajeros a Scipio, para saber si, caso de que se entregasen, podían esperar de él un trato benévolo. El presidente de esta embajada. Avaros, ensalzo mucho la resolución y el valor de los numantinos, añadiendo que ninguna falta habían cometido con ello, ya que si sufrieron hasta tal extremo aquellas calamidades, lo hicieron por sus hijos y por la libertad de su patria. Por esto - añadió Avaros -seria digno de ti, Scipio, y de tu fama, el perdonar a este pueblo de tan gran animo y tan grande valor, proponiéndonos a nosotros que acabamos de experimentar tales cambios de fortuna, condiciones llevaderas y soportables. Así, pues, el que la ciudad se entregue si pones condiciones moderadas o que sucumba, en caso contrario, ya no depende de nosotros, sino de ti. Así dijo Avaros, y Scipio que conocía por los prisioneros como estaban las cosas dentro de la ciudad, respondiéndole que era condición que entregasen tanto la ciudad y sus ocupantes, como sus armas. Concedida esta condición por los numantinos, ya sumamente irritados por verse en tal trance, acostumbrados como estaban a una libertad sin trabas y siendo incapaces de soportar órdenes de nadie, se enfurecieron entonces mucho más al considerar sus desventuras. Fuera de si mataron a Avaros y sus compañeros de embajada como nuncios de desgracias y por sospechar que habían tratado con Scipio de salvaguardar sus propios intereses.
Poco tiempo después, faltos los numantinos de todo alimento, sin granos, ni ganados, ni hierbas, comieron primero (tal como otros han hecho en los mismos casos) las pieles cocidas, pero luego, carentes también de pieles, se alimentaron con carne humana. En un principio con la carne de los que morían, la cual cocinaban en pedazos, más luego, desdeñando la de los enfermos, se entregaron los más robustos a matar a los mas débiles. Ninguna calamidad les faltó. Enfurecidos los ánimos por esta clase de alimento, por el hambre y la peste, sus largas cabelleras y el abandono de su cuerpo, acabaron de darles un aspecto como de fieras. En este estado se pusieron de nuevo en tratos con Scipio. Este les mando que aquel mismo día llevasen las armas a un lugar convenido y que al día siguiente se presentasen ellos en otro lugar. Pero los numantinos aplazaron el cumplimiento de esta orden, confesando que muchos aspiraban aun a la libertad prefiriendo quitarse ellos mismos la vida. Por tanto, pidieron un día más de plazo para poder disponer de su muerte...
Nota.- Vista parcial de Numancia ya romana. Este comentario fue publicado en el Faro de Vigo, luego de una visita a Numancia, en 1977